De buen comer y de mejor charla, el técnico del Knet&Éniac reconoce que le gusta imitar en casa recetas que descubre en restaurantes, aunque «lo mejor es el hecho social de comer en compañía»
Por su cabeza circulan datos a alta velocidad. Es un no parar. Siempre rumia una cifra, como si lo estuviera calculando todo. Le viene desde joven, desde que descubrió las matemáticas, la química, la física... y el baloncesto. Es obsesivo en lo que le gusta. «Devoro un libro en dos días, y no lo puedo dejar, es imposible, hasta que me lo acabo. Me pasa igual con la series de televisión, el cine...». Y siendo así no se podía dedicar a otra cosa. Porque el baloncesto son números, estadísticas... y sobre todo pasión. Y así es Jesús Sala, responsable de haber llevado al baloncesto riojano a lo más alto en toda su historia. En la Adecco Oro se siente realizado porque ambos están creciendo a la misma velocidad. Cabe recordar que sólo tiene 34 años.
Y en La Rioja es feliz. Una acción así lo confirma. «Las pretemporadas –cuenta– del Knet&Éniac siempre arrancan en el mismo lugar». En la huerta de Miguel, ‘fisio’ del equipo. «Allí los americanos conocen de qué va la historia, se acercan al fuego, observan lo que comemos y sobre todo cómo lo comemos. Recogemos de la huerta los tomates, las lechugas; otros preparan el fuego; algunos ponen la mesa; otros sirven la bebida... todos compartimos un mediodía espectacular alrededor de una buenas chuletas al sarmientos, unos embuchados, pimientos...». Sólo por esto, Jesús Sala ya califica matrícula cum laude en riojanidad.
A Sala le «gusta una buena mesa, pero sobre todo destaco el hecho social de sentarse a comer». Algo ciertamente patrio. «Tengo la experiencia de jugadores llegados del Este que alucinan de que en España quedemos para comer o cenar. Es algo que en esos países no se hace».
La Rioja le ha aportado mucho a su forma de entender las reuniones con amigos, familiares, visitas... «Aquí la calidad de vida es muy alta. Me encanta que la gente siempre tenga diez minutos para tomar un café y charlar. Alucino con la capacidad de los riojanos para montar una cena casi de la nada... Es un disfrute continuado y por muchas cosas puedo decir que cuento dos grupos de amigos, los de la infancia en el barrio de Madrid y los que he hecho durante todos estos años en La Rioja».
Gracias a uno de ellos ha ido descubriendo productos como los pimientos. «Era una cosa que odiaba sin igual. No me gustaban nada. Bueno, pues fue llegar aquí, probarlos y desde entonces sentir una pasión sin igual». Esta afirmación sirve de preámbulo para otra: «De la gastronomía riojana destaco el producto. Pimientos, alcachofas, borrajas, espárragos, coliflor, alubias... es increíble lo fácil y accesible que está comer productos recién cortados de la huerta». Compara esta situación con Madrid. «Está claro que en la capital también es posible comer fresco, pero hay que mirar los precios. En La Rioja todo es bueno y a un precio muy asequible».
Otro asunto bien distinto es el Jesús Sala cocinero. Afirma que «en este punto soy más de ‘guarrear’». No porque se le dé mal, «es porque si cocino sólo para mí, como que pierdo un poco la motivación». Eso sí, en cuanto su mujer llega a Logroño, «pues me aplico un poco más, aunque la verdad que es ella la que suele cocinar. Eso sí, a los dos nos encanta intentar imitar en casa lo que hemos probado en un restaurante».
Aproximación al vino
Jesús Sala no siente especial atracción por las bebidas alcohólicas, aunque «todo con moderación puede llegar a ser placentero». Así que su aproximación al mundo del vino está siendo exponencial. «Antes de llegar aquí no me gustaba nada, y ahora lo disfruto y sé lo que me gusta y lo que no».