El director del Teatro Bretón, Jorge Quirante, granadino de Baza, entiende la gastronomía desde dos ópticas: «Una parte alimenticia es necesaria, pero mucho más allá de eso está el placer de comer y gozar con los sabores»
Jorge Quirante es de Granada y a pesar de que lleva instalado en Logroño desde hace más de veinte años (llegó para ser director del Teatro Bretón tras imponerse en un riguroso proceso de selección y sigue al frente de está institución), ni se le ha terminado de borrar el peculiar acento nazarí de su tierra ni su gusto por la gastronomía andaluza. Sin embargo, Jorge se recrea en el buen comer porque aunque no se trate de un apasionado de los fogones (territorio de Piedad, su mujer, de la que dice que es una excelente cocinera), sí que disfruta con el placer de los sabores y la conversación en una mesa.
«A medida de que he ido madurando he tenido una mejor relación con la gastronomía. Cuando era más joven comer era algo utilitario, necesario, pero desprovisto de las sensaciones placenteras que se pueden obtener en lugares tan maravillosos como La Galería, donde se come muy bien equilibrando el gusto por lo refinado con la sencillez».
Y quizás de esta manera se puede definir el delicioso menú que propuso el chef José Félix Rodríguez con la mediación de Raúl Martínez, sumiller y jefe de sala. Hubo una delicada cata de aceite de ‘Arzobispo Diego de Tejada’ con dos aperitivos fugaces y lúcidos, una deconstrucción de patatas a la riojana y una croqueta de jabugo. A partir de ahí la conversación: «En el mundo del teatro la cocina es muy importante. Es más, puedo asegurar que los actores y las actrices son unos execelentes comedores. De hecho, cuando realizan sus giras van de ciudad en ciudad y entre ellos las catalogan por su cocinas, por sus restaurantes. Obviamente, entre función y función no tienen demasiado tiempo para hacer turismo, pero sí para comer y conocen a la perfección los mejores sitios de cada ciudad. Los actores que vienen por primera vez a Logroño nos piden consejo sobre dónde ir a comer o a cenar... Y la verdad es que nuestra ciudad tiene fama entre el gremio por la calidad de su cocina y de sus restaurantes».
El primer plato fue un salteado de níscalos y boletus edulis sobre una cremita de patata kennebc, sin demasiada temperatura para resaltar matices y texturas. Jorge Quirante se deshizo en elogios con el plato y el vino, un ‘B de Basilio’, de 2010, elaborado con una finísima garnacha blanca y un toque de viura. El pescado constituyó una sorpresa: Arringorri al horno con verduras de la tierra, que hizo las delicias de los comensales por su equilibrada potencia y por su sabor. Jorge, entonces, habló de un lugar gastronómico de su ciudad, el ‘Mirador Morayma’: «Comer allí con la Alhambra al fondo es una de las sensaciones más placenteras que conozco, me encanta una cosita que llamamos tortilla del Sacromonte», recuerda. La comida acabó con un Ovillo de buey (wagyú) en salsa de vino de Rioja y fondo de castañas regado con Alma de Tobía Tinto 2002, dos verdaderas obras de arte para los paladares.
EL MENÚ
1. Salteado de níscalos y boletus
2. Arringorri al horno con verduras
3. Ovillo de buey (Wagyú) con salsa al vino