Virginia Jiménez y Miguel Espinosa desvelan cómo surgen los pinchos a las cuatro de la mañana. Miguel ha logrado infinitos premios en el mundo de los pinchos. Ella es la primera en disfrutarlos.
Miguel Espinosa ha logrado convertirse en uno de los mejores cocineros en miniatura de España: su impresionante arsenal de premios lo avala como uno de los más grandes. Ahí están los primeros títulos que logró en los concursos de El Rioja y los 5 Sentidos, los del Campeonato de España de Valladolid (quizás el más prestigioso de cuantos se celebran en la vieja piel de toro), los de Bilbao, el recentísimo galardón de las Tapas de Madrid, obtenido con su fulgurante huevo poché al que denominó ‘Planeta Marte’ por su atrevida composición, y hace unas semanas, el Campeonato de Europa de Baristas. Miguel Espinosa ha roto con todos los moldes gastronómicos desde el sencillo bar que regenta junto con su mujer, Virginia, en la calle Paletillas de Calahorra. Hablamos de ‘El Rioja’, donde seguramente se exponga una de las barras de pinchos y tapas más espectaculares de España.
«La verdad es que nunca me imaginé todas estas cosas cuando montamos el bar», señala Virginia al explicar que su vida apenas tenía relación con el mundo de la hostelería. «Yo siempre estaba al otro lado de la barra. Había hecho peluquería y Miguel se metió en el bar y bueno, yo me fui detrás de él, a pesar de que siempre he creído que esto no era lo mío».
Miguel Espinosa venía de otro mundo muy diferente al de la cocina y cuando decidió coger el bar, en el año 2000, apenas sabía lo que era un pincho: «Me gustaba mucho ver canal cocina y me quedaba siempre con la boca abierta con las cosas que hacía Pedro Larumbe». Así que con este singular ‘maestro catódico’ y toda la ilusión del mundo,
Empezó a cavilar y a pensar que con los deliciosos productos de las huertas calagurritanas se podían hacer mil maravillas. Y aquí viene lo bueno, porque a eso de las cuatro de la mañana, tal y como cuenta Virginia, empezó a gestarse su primer gran pincho: la famosa Palmerita de Ajos Tiernos. «Yo estaba completamente dormida. Me dio un golpecito en el hombro y me dijo, ¡cari, cari!, ¡ya lo tengo!, ¡ya lo tengo! La verdad es que yo estaba muy dormida y me lo contó entusiasmado....». Y es curioso lo que cuenta ahora Miguel: «Yo soy una persona que por la noche sueña con mi trabajo, quizás porque mi mujer es poco sonámbula y estoy pendiente», sonríe.
De Londres a China
Lo más bonito de esta historia es que de aquella mítica palmerita surgió el desarrollo profesional de un cocinero que se ha ligado al mundo del pincho como muy pocos en el mundo gracias a que National Geographic lo contrató como asesor gastronómico para varios de sus restaurantes: «Empecé en Londres, después en China y ahora también en Madrid. Yo les hago la carta y llevo la asesoría». Y Virginia, durante esos meses se queda al frente del bar de Calahorra: «Lo más duro es cuando se va fuera. Por un lado porque lo echo de menos, pero también porque se pierde cosas de su familia. Pero lo apoyo siempre porque sé lo importante que es para él y el valor que tienen todos los premios que está consiguiendo y los que va a conseguir».
Virginia Jiménez
Sobre Miguel. «Nos conocimos en la Rondilla y nos enamoramos por la noche; lo mejor que tiene en es que siempre está con nuevos proyectos».
Sobre los pinchos. «Es realmente impresionante la fuerza que saca para tener nuevas ideas. Yo no era muy aficionada pero él los vive como hijos propios».
Miguel Espinosa
Sobre Virgina. «La realidad está clara y evidente. Si no fuera por ella yo no hubiera conseguido nada. Es mi fuerza y mi mejor apoyo en la vida».
Sobre los pinchos. «Es mundo fascinante, cuando empiezas ya no sabes cómo va acabar. De alguna manera representan mi lugar en el mundo»