
La perfección de su cultivo es romana, de tiempos de Julio César, y fueron los españoles, en el siglo XVI los que la llevaron a la América hispana, los franceses a Canadá, y los ingleses a Estados Unidos. Es la segunda fruta en importancia después de los cítricos, totalmente asentada en nuestras costumbres y una de las más interesantes desde el punto de vista nutritivo.
La manzana es una fruta de alto consumo, más de 14 kilos persona y año, y sería más alto si no fuera porque vivimos en un país de gran variedad de frutas donde dominan los cítricos. La manzana es sinónimo de salud y así está considerada por los nutricionistas por sus cualidades antioxidantes, anticancerígenas y digestivas. Es un poderoso antioxidante por su aporte en vitaminas C y E, betacarotenos, grupo B y flavonoides, y por ello figura entre las frutas-salud como preventiva del cáncer. Además, posee una cualidad especial, astringente para combatir las diarreas y suave efecto laxante debido a la pectina, que forma parte de la fibra saludable y no la absorbe el intestino, retiene el agua en caso de diarrea, y si se consume con piel puede corregir el estreñimiento leve. Otro efecto considerable es como protector contra las enfermedades cardiovasculares y la hipertensión, debido a que la misma pectina que favorece la regulación intestinal puede reducir el colesterol.
Todos los alimentos que contienen fibra soluble bajan los niveles de colesterol en sangre. La manzana, además, apenas contiene grasas y es rica en potasio, buen regulador del corazón. Conviene a los deportistas por su alto contenido en carbohidratos que se transforman en energía. Uno de sus efectos más conocidos es su capacidad para limpiar los dientes, gracias a su contenido en fibra y bajo contenido en azúcar. Mejor crudas, bien asadas y en compota. Al vinagre de sidra se le atribuyen propiedades adelgazantes que no son ciertas, no engorda pero tampoco hace perder peso. Ya lo dice el refrán: «Una manzana al día mantiene al médico alejado».