
Y aunque la uva y el vino se encuentran unidos a diferentes culturas, no debiera hacernos perder de vista su valor como fruta de mesa ni sus beneficios dietéticos. Las primeras uvas de invernadero aparecen en junio, las variedades tempranas siguen hasta septiembre, cuando hacen su aparición las mejores, que se mantienen hasta el final de año aunque existen variedades de uva de mesa en los mercados durante todo el año.
Allá por los primeros días de septiembre las primeras tormentas del verano comenzaron a ilusionar a los miles de seteros que existen en nuestra región. Tras un verano seco, lluvias abundantes en algunas zonas de alta montaña y hasta algunas granizadas. La temporada estaba cerca. Así, unos diez días después comenzaron a aflorar las primeras setas de otoño cuando estaba a punto de finalizar el verano. Pero fueron, a todas luces, lluvias insuficientes porque los montes padecían una sequía notable.
No hubo que esperar mucho. Septiembre, como en el viñedo, suele marcar las pautas de la cosecha de setas. Agua y temperatura son los dos grandes condicionantes para que los montes riojanos vuelvan a poblarse de los preciados bocados de la naturaleza.
Todos los aficionados comenzaron las excursiones a los lugares habituales y conocidos. ¿ Las truchas?, en el río. ¿Y las setas?, en el monte, dicen los buenos aficionados para mantener en secreto los setales. Y ni por esas, porque es tal la afición que, entre los miles de seteros, muchos acaban persiguiéndose y espiándose y otros han incorporado el GPS para su localización.
Si en el humor pueden escucharse dichos populares como ‘cazadores y pescadores, mentirosos seguros’, cuando hablan entre seteros afirman que los aficionados a la micología suelen serlo todavía más. Será así porque cada día se escuchan más barbaridades en las barras de bar o en los corrillos de amigos.
Para ‘echarse al monte’ hay que salir preparado. Ya lo saben. Nada de bolsas de plástico; no recoger nunca setas que se desconocen ni ir por los recorridos dándoles patadas o varazos a otras que están ahí.
Consejos básicos, sí, porque el resto lo conocen muchos seteros que recorren los montes y carrascales de La Rioja. Aquí tenemos algunas sugerencias. La cuenca alta del río Iregua es la más visitada por los seteros. Todo el valle del Iregua, fundamentalmente la zona alta, cuenta con innumerables rincones para disfrutar de los montes.
El parque natural de Sierra Cebollera y su entorno son algunos de los rincones más apetecibles. Por la misma cuenca tienen municipios como Villoslada y Lumbreras, el embalse de Pajares y todos los caminos forestales que lo circundan.
No se pierdan paisajes de otoño y de setas como El Achichuelo en Villoslada. Seguro que nos acabarán agradeciendo la sugerencia.
Para poder acceder a las mismas es necesario obtener permisos de acceso en el Centro de Interpretación de Villoslada o en el Ayuntamiento de Lumbreras.
La afición a las setas se ha generalizado por toda la región. Por casi todas las cuencas de los ríos encontramos lugares de búsqueda.
Muy cerca del Iregua, en la otra cuenca camerana, la del río Leza, desde Soto y San Román a Laguna de Cameros, podemos encontrar recorridos entre los bosques que miran al Iregua o al embalse de Pajares.
El mundo de las setas del Najerilla es otra historia. Ha sido una zona tradicionalmente menos ‘setera’. Pero haberlas, haylas. Subiendo el Najerilla tienen a un lado Camprovín. Cuando remontamos el río Anguiano ofrece ya otros recursos notables aunque hay fuertes limitaciones de acceso para los vehículos.
En el valle encantado del río Tobía podrán encontrar otros de los lugares con sabor. Tiene la ventaja de ser uno de los rincones más hermosos de La Rioja en otoño. Una verdadera delicia para poder contemplar cualquier detalle o verse aplastado por la paleta colorista de la naturaleza.
Desde Anguiano a Canales, existen distintas rutas. Allí siguen con idénticas restricciones. Caminen por las zonas, aparquen y sigan la ruta por prados y bosques.
Allí pueden encontrar una naturaleza salvaje y tener muchas posibilidades de encontrarse con diversos animales de la fauna riojana como jabalíes, ciervos, corzos...
La cuenca del río Oja tiene grandes atractivos y excelentes aficionados. Son seteros de toda la vida. Ellos recorren las zonas altas de Ezcaray y las poblaciones del entorno como Pazuengos, Ojacastro, Valgañón y Zorraquín.
Concretadas algunas referencias, también hay otras zonas para perderse y patearlas. En La Rioja Baja no hay que olvidarse de los montes de Igea, Cervera, Aguilar, Arnedo, Arnedillo, Enciso, con una larga trayectoria de aficionados a la micología.
Entre las zonas más desconocidas y singularmente bonitas pueden recorrerse los pueblos del alto valle de Ocón o la zona del Jubera.
Es, sin duda, una de las zonas más desconocidas de La Rioja pero con indudables atractivos en los montes y en el propio medio rural.
En las proximidades de Logroño, la Sierra de Moncalvillo es una de las más socorridas y tiene fácil acceso para aparcar junto al repetidor de TV y recorrerar los grandes prados y bosques de pinos hasta llegar al Serradero.
Desde la cima de Moncavillo puede verse una panorámica de todo el valle del Ebro sensacional.
Sueños de colores
Nunca conocí nada más generoso que compartir lo que más te conmueve con los amigos y las personas queridas. Por eso, siempre, cuando llega el otoño, mis recorridos de setas están vinculados al colorido del paisaje y casi siempre, en mi memoria, aparece el valle encantado: El Rajao.
El Rajao es magia. Allí está la vida en colores, la naturaleza más espléndida y generosa de una tierra que hay que visitar en otoño.
Para pasear por el campo y ver los paisajes, los del viñedo, sí, y las sendas y bosques de la otra región menos conocida y mal vendida en el exterior. Por El Rajao se empequeñecen los sentimientos más espléndidos. Allí hay que guardar silencio y respeto y dejarse llevar en volandas ante tanta hermosura.
Por El Rajao pueden caminar pisando una hojarasca vaporosa entre sombras, luces y colores.
Es tiempo de setas. Para buscarlas hay que caminar despacio, integrarse en el paisaje, en la vida que aflora a los pies y el entorno de un bosque de hayas y robles que te hacen guiños de seducción.
En El Rajao se puede soñar en colores.
El mejor setero es aquel que no deja rastro de su paso
Los buenos aficionados rara vez presumen de las cestas que llenan en cada una de sus salidas a los montes
Si cada práctica deportiva tiene su propio código ético en cuanto a capturas y comportamientos, en el mundo de la micología aseguran que «el mejor setero no es el que llega a casa con más cestas llenas, sino aquel que después de salir a los bosques no deja ningún rastro o huella de su paso por el lugar».
Ir al monte, pasear, compartir un rato, un momento con los amigos, disfrutar de la naturaleza viva, poder contemplar el paisaje, los prados, el cielo, los bosques, cada rincón y sus colores o tonalidades no tiene nada que ver con «llenar la cesta».
¿Llenar la cesta, para qué?
Tal vez hay que cubrir todos los estadios previos para conformar un sentimiento, para buscarle un sentido a cada una de las cosas y hasta para volver a lo más sencillo y simple que nos ofrece la propia Naturaleza.
No es un discurso retórico. Es la historia misma de la vida a la que es preciso volver para hacer lo que hicieron quienes convivieron con los recursos de la propia supervivencia de las especies.
Ni retórica ni humo.
A lo largo de la Historia de la humanidad simpre hubo depredadores de otras especies. Cierto. Pero también ha habido otras muchas épocas en las que el hombre ha aprovechado los recursos que tenía al alcance de la mano sin esquilmarlos ni destruirlos. Y no hace muchas décadas.
Si empezamos por la senda y aceptamos lo que nos proporciona lo más próximo, también es cierto que hay otros criterios para poder seguir disfrutando, para que lo hagamos nosotros y los que vengan detrás.
Las setas hay que conocerlas. Si no se conocen, si no sabemos si son comestibles, es mejor no echarlas a la cesta.
Ni palos ni varazos. Siempre hay que respetar los setales, los tamaños y dejar algunas para que dispersen las esporas y podamos reencontrarlas en próximos años.
Los buenos aficionados saben cómo deben cortarse. Si las arrancamos se perderá el micelio que ofrecerá más en próximas temporadas. Los cestos de mimbre son idóenos. Permiten dejar las esporas y no fermentan. Y cuando haya intoxicación, acudan con urgencia al médico.
Algunas de las setas más abundantes en la temporada de otoño
Níscalo
Excelente. Muy abundante en los bosques de pinos riojanos. Los ejemplares pequeños son más valorados.
Boletus edulis Excelente.
Muy apreciada por su sabor y textura. Crece en bosques de pinos, robles y abetos.
Rebozuelo Muy apreciada.
Tiene un sombrero amarillo que la delata. Necesita mucha humedad. Excelente compañía en guisos.
Seta del cardo Excelente.
Algunos la ubican entre las mejores. La carne es tierna y tiene un sabor dulzaino.