Los Ahorcaditos son un dulce típico de Santo Domingo de la Calzada. Tienen forma de viera, están hechos a base de hojaldre y de crema de almendra y están catalogados como un verdadero manjar. La Pastelería Isidro es la casa y la cuna del Ahorcadito. De hechoo, estos pastelitos cuentan con una larga tradición que se remonta al 1953, año en el que el pastelero José Alberto Hernando creó estos dulces, que muy pronto se hicieron muy populares en las comarcas jacobeas de La Rioja y después por todo el Camino de Santiago. Este pequeño pastel toma su nombre de uno de los milagros del Santo Abuelito.
Para realizarlo, se mezclan almendra molida, patatas cocidas enteras peladas, ralladura de piel de limón y azúcar. La mezcla obtenida se amasa con las manos hasta lograr una pasta más o menos homogénea. Después se le va dando la forma propia de los mazapanes, cortándolos con un cortapastas redondo y liso. A continuación, se colocan sobre las obleas con su singular perfil y se meten en el horno hasta que estén dorados. A la vez, se elabora un almíbar con medio kilo de azúcar diluido en otro medio litro de agua. Conforme se sacan los mazapanes del horno se sumergen en el almíbar. Y ya está... Parece sencillo, pero su sabor es inimitable y una referencia del invierno cromático de La Rioja Alta.
Por San Blas
Las rosquillas de San Blas es otros de los dulces más característicos del invierno riojano. Así, la semana previa a la fiesta de San Blas se las ve en escaparates y anaqueles de muchas pastelerías y la costumbre era llevarlas a la iglesias para bendecirlas antes de tomarlas.
Hay muchas fórmulas de hacerlas, pero la mas tradicional es mezclar los huevos, el azúcar, el anís y el aceite en un recipiente amplio hasta formar una crema homogénea. Después, incorporar la harina poco a poco y mezclarla amasando con las manos hasta que quede una masa uniforme. Cuando esta masa esté preparada se hace una bola y se pone en la mesa ligeramente untada de aceite con el fin de estirarla en forma de barra para obtener el rosco en el que unir las puntas de la barra un poco montadas una sobre la otra. Después, hay que colocarlas sobre papel de horno en una bandeja para introducirla en el horno a 165º C durante 20 minutos. Una vez horneadas, la sacamos del horno y la dejamos enfriar. Batimos las claras con una batidora de varillas eléctrica e incorporamos el azúcar glass en forma de lluvia, sin dejar de batir. Agregamos el anís y seguimos batiendo hasta conseguir un merengue espeso. Glaseamos las rosquillas frías por un lado y dejamos que se sequen. Al final, colocamos en la fuente donde las vayamos a servir o las guardamos en una lata metálica con papel de horno para que no se sequen ni cojan humedad.
Postres con vino
El vino también protagoniza varios de los postres más riojanos, desde los sencillos y deliciosos melocotones al vino tinto a las peras al vino tinto, un postre tan clásico como delicioso. Es ideal para aprovechar restos de vino que nos hayan quedado de algunas celebraciones. Normalmente se aromatizan con vainilla o canela y cáscara de cítricos, pero también se puede aportar un toque exótico añadiendo unas vainas de anís estrellado y cardamomo, por ejemplo, o unos clavos de olor.
Tierra de tradiciones más aún si tienen que ver con la gastronomía, Calahorra no pasó por alto a Santa Catalina, la santa más dulce del almanaque calagurritano volvió a llenar las calles y cafeterías de barrillas de guirlache. «Aunque sigue siendo la más tradicional, la barrilla de guirlache ya no se hace sólo con almendra sino también con nueces, con avellanas o con otros frutos secos», explica Gabi de la pastelería ‘Flor y Nata’.
La compota es uno de los postres más típicos de la Navidad riojana. Su nombre viene de francés ‘compote’, que significa mezcla y es un postre casero y frío realmente exquisito en el que hay frutas como manzanas, peras, ciruelas pasas, higos secos, pasas de uva, azúcar, canela y agua. Hacerlo es realmente sencillo: se ponen en una olla manzanas y peras, peladas y troceadas, quitando las semillas, ciruelas pasas, higos secos y las pasas de uva. Se añade azúcar en cantidad adecuada al contenido de la fruta en la olla, una ramita de canela y un vaso de agua, dado que la propia fruta suelta.
Otro dulce que no falta en la Navidad riojana suelen ser las torrijas, que se elaboran en multitud de pueblos, aunque una de las más exquisitas son las de Ventosa. Se hacen miga de pan desmigada a la que se la deja descansar al menos tres días. Se hace con huevos batidos, azúcar y levadura.